martes, 17 de diciembre de 2013

5000 veces gracias y 8º microrrelato del juego.

Feliz jueves a todos. Antes de nada, me gustaría daros las gracias, por las más de 5000 visitas recibidas a lo largo de estos cinco meses de vida, con los que cuenta ya, "Millas y birras".
Es un honor para mí, poder dedicar este post, a todos los que os tomáis la molestia de leer, de comentar, de compartir, de colaborar con el blog, en definitiva, a los que dejáis vuestra huella.
Aunque últimamente no estoy muy prolífico (el tiempo me acucia), las cifras de "+1s", de "me gusta" y la cantidad de seguidores, crecen sin parar, lo que es un enorme acicate para mí y una motivación extra, para continuar adelante con el proyecto; sobre todo, a la hora de buscar contenidos de calidad, sorprendentes y atractivos para el lector.
No se me ocurre mejor forma de celebrar estas 5000 visitas, que poniendo punto y final al juego de los microrrelatos (del que con toda seguridad habrá futuras ediciones). Me he permitido la licencia de ser yo mismo el que cierre la serie, ya que desde que acuñé la frasecita dichosa, me ha acompañado el irrefrenable deseo de completarla, como aquel que quiere subsanar un coitus interruptus a la mayor brevedad posible.
Sin más dilación, os dejo con el octavo y último microrrelato del juego:
 
                                                                  "ZORRA"
 
El día amaneció tan oscuro y triste como su alma, nada hacía presagiar que hoy, su vida cambiaría para siempre.
No recordaba porqué le dio aquella primera bofetada, ni cuándo comenzó a humillarla en público; tampoco recordaba las veces que le pidió perdón, ni en cuántas ocasiones pronunció entre sollozos: "No lo volveré a hacer", ni todos los momentos en los que le rogó que no le denunciara, mientras curaba sus  heridas.
Era espeluznante la habilidad que había adquirido para golpearla sin dejar marcas; y si alguna vez se excedía, una buena capa de maquillaje, ocultaba su macabra vergüenza.
Hacía mucho tiempo que la palabra "zorra" se escuchaba más a menudo que su propio nombre, casi tanto como la última vez que sonrió.
Como el reo que espera su castigo, ella aguardaba resignada su penitencia.
Las piernas le empezaron a temblar, en el mismo instante en el que oyó como su marido se peleaba torpemente con la cerradura de la puerta. Por desgracia para ella, así solía comenzar el calvario...: rudos golpes en las paredes, con las palmas de las manos, intentando encender la luz de cada estancia, pasos tambaleantes, que denotaban su zafia embriaguez, al igual que la jadeante respiración, cada vez más excitada ante la cercanía de su "amada".
Agazapada en un rincón, presa del pánico, apenas podía contener sus esfinteres, cuando el pomo de la puerta de la alcoba giró y dejó entrever a contraluz la silueta de su verdugo. Éste, permaneció inmóvil unos segundos, parecía recrearse ante la vulnerabilidad de su mujer. De repente emitió un gruñido, expiró con fuerza y se dispuso a avalanzarse sobre ella, pero no pudo completar su ataque, ya que cayó desplomado, de bruces, cuan largo era. La sombra de un cuchillo se adivinaba clavado en su espalda, al mismo tiempo que una voz pueril, entrecortada por los sollozos, se oyó al fondo del pasillo:
-Jamás...jamás volverá a hacerte daño, mamá...

 
 
 
Me gustaría desde aquí, aprovechar para dar todo mi animo, a esas mujeres que son víctimas de malos tratos por parte de sus parejas y les animo a que no guarden silencio, ni sean complices de esos abusos: 
¡¡¡NO A LA VIOLENCIA MACHISTA!!!

Os deseo un año 2014 lleno de esperanza y de sueños cumplidos. CORRE Y SE FELIZ...

Un abrazo enorme para todos los viciosos del running.