martes, 29 de octubre de 2013

Media maratón villa del Tratado (de Tordesillas).

Feliz miércoles a todos. A pesar de dormir (o en mi caso, estar en posición horizontal, con los ojos como platos) una hora más, por el dichoso cambio de hora, me levanté cansado y algo resacoso; de este último echo, fui consciente durante toda la vigilia nocturna, ya que,alterné equitativamente, mis visitas a la cocina para saciar mi sed, con las visitas al baño para vaciar mi vejiga. La culpa la tuvo "el clásico" (el Barça-Real Madrid), me explico: yo con este tipo de partidos, me pongo muy nervioso y como hace tiempo que dejé el cigarrillo, me da por calmar la ansiedad con el único vicio que me queda...bueno, con uno de los dos únicos vicios que me quedan y que se puede hacer en público: tomar unas cervezas. Y como estuvo muy tenso e igualado, el número de botellines fue directamente proporcional, al estrés que me produjo el mismo. Este es el motivo de que subiera contento para casa, aunque el partido no acabase como me hubiera gustado.

Este domingo ha sido la primera vez desde que practico este deporte, que no tenía ni puñeteras ganas de competir, ni siquiera un leve hormigueo, ni los nervios típicos de la mañana de la carrera. Fue una sensación extraña y que he intentado aparcar y olvidar rápidamente, ya que como sabéis, el running me apasiona y quiero que siga siendo así por muchos años. Borrado este necio espejismo de mi cabeza, desayuné con cierta desgana e hice unos estiramientos frente al televisor, mientras me relajaba unos minutos, viendo uno de los muchos programas de zapping que copan la programación matutina en todos los canales. Como había dejado todo preparado la noche anterior, en un santiamén estaba vestido y montado en el coche. A las 9:00 (de la hora buena) llegué al punto de encuentro, donde ya estaban todos los miembros de la expedición esperando. Como siempre "Niño" dispuso qué coches se debían llevar y quién debía ir en ellos.

Debido a que en los últimos desplazamientos no me había tocado llevar el coche, en esta ocasión, me presté gustosamente y tuve como acompañantes a Sigu, Félix y Toño (en el otro coche iban "Niño", Fer y Monge). El viaje resultó de lo más ameno, polemizando sobre el derbi. En lo que nos quisimos dar cuenta, estábamos en Tordesillas. Recogimos los dorsales, la bolsa del corredor y como íbamos sobrados de tiempo tomamos un café, en animada conversación con la familia Santos, que también había acudido a la cita.

A falta de cuarenta minutos para el inicio de la prueba, nos cambiamos, nos hicimos las instantáneas de rigor y comenzamos el calentamiento. Mi estado de ánimo, pese a no ser el óptimo, se iba recuperando con la cercanía del pistoletazo de salida y el fenomenal ambiente reinante durante los prolegómenos de la carrera. Ni que decir tiene, que después de haber participado en más de veinte "medias", conozco a mucha gente del mundillo, echo que resulta muy gratificante. Momentos antes del comienzo, estuve departiendo con dos chicos con los que coincidí en la "media" de Babilafuente; es curioso lo que une esto del running, apenas rodé unos kilómetros con ellos y es como que les conociera de toda la vida. Uno de ellos también va a ir a Behobia, aunque allí será un milagro si nos vemos (30000 participantes).

Sin tiempo para más, suena el disparo y comienza la carrera:
Hace una temperatura excelente para la práctica del running, con la única salvedad del aire, que resultará bastante incomodo en ciertas zonas del circuito.
Parece ser, que la tendencia a colocarme mal en las salidas, se está revirtiendo. Creo que es la tercera consecutiva que consigo ponerme en marcha sin apenas zigzaguear. Es un inicio complicado, ya que los primeros metros pican hacia arriba y enseguida tienes una curva hacia la izquierda de 90º, para enfilar una calle peatonal bastante estrecha, que va a dar a la plaza mayor. Es la parte más bonita de la prueba. En cuanto abandonas la plaza mayor hay que solventar una pendiente negativa (osease cuesta bajo), con un desnivel bastante considerable y con la particularidad, de que el firme es adoquinado, lo que la hace bastante peligrosa. Aunque intento bajar con precauciones, las piernas se te van solas. Al finalizar la rampa está situado el cartel del primer kilómetro, miro al crono y alucino con el tiempo que marca: 3'32", hay que aflojar el pistón o lo pagaré posteriormente. A partir de aquí, el perfil de la prueba se vuelve completamente llano durante muchos kilómetros. Es lo más aburrido de la carrera, puesto que el trayecto, se limita a dos rectas enormes, que debes completar en ambos sentidos. El único aliciente de este tramo, es que puedes ver y saludar a los conocidos, que van por delante o por detrás de tí, cuando te cruzas con ellos. Pese a que al dejar Tordesillas a tu espalda, el aire te da de cara, me encuentro bastante cómodo y ruedo con cierta facilidad a un ritmo sostenido de +- 4'00" el kilómetro. Mantengo la distancia con un grupo que va inmediatamente delante de mí, compuesto por "Niño", Adrián y Jose Manuel, más otra decena de integrantes que no conozco. Es una buena referencia, así que intentaré no descolgarme demasiado. Psicológicamente es una prueba muy dura, porque hay que dar dos vueltas al circuito y por la cantidad de kilómetros que hay que hacer por carretera general, con un paisaje totalmente plano. En el kilómetro siete, por fin completamos las dos interminables rectas e intento evitar pensamientos negativos de cara a la segunda vuelta. En estas andaba, cuando llega la siguiente dificultad:
la subida hacia el casco urbano. Es una rampa de unos 500 metros, con una pendiente bastante pronunciada, que al afrontarla por primera vez, no supuso gran esfuerzo, al contrario, fue un acicate importante, ya que durante la subida, adelanté a un montón de corredores y logré dar caza al grupo de Jose Manuel y Adrián ("Niño" ya se había escapado, está en otra guerra). Al llegar a la altura de Adrián, me informa de que ha tenido que aflojar, porque tiene molestias en el piramidal y que va a intentar seguir a mi ritmo, a ver si puede acabar. Tras callejear por las afueras de la villa, nos vamos acercando al kilómetro diez, donde está situada la meta, cuando la crucemos, todavía nos quedarán otros once kilómetros. A su paso marcamos 40'14", rapidísimo, es en ese instante cuando me doy cuenta de que voy a sufrir como un perro, para poder acabar a ese ritmo.

Comienza la segunda vuelta: Jose Manuel, como siempre, llega por detrás dando ánimos y gastando alguna broma, menuda moral tiene, a mí a estas alturas, sólo me da, para intentar estar concentrado en correr y respirar correctamente. Al salir a la carretera, parece que el viento arrecia (o a lo mejor son mis fuerzas, que menguan), por lo que me parapeto detrás de Jose Manuel y de Adrián para paliar los efectos del aire y avanzar algo más cómodo. Estos siete kilómetros se me hacen eternos, por lo justo que llego y por los dolores musculares, debido a la cantidad de distancia acumulada en mis piernas de cara a la preparación del maratón. Aun así, conseguimos mantener un ritmo constante que oscilaba entre los 4'00" y los 4'05" por kilómetro. No paro de recibir ánimos de Jose y Adri, lo que agradezco en el alma, porque me hicieron sacar energías de donde no quedaban. En el 18 y coincidiendo con la segunda subida al casco urbano, me descuelgo del  grupo; les digo que no se preocupen por mí y que tiren. Pongo una marcha más o menos cómoda y consigo ascender, sin que la diferencia en la cumbre con respecto a ellos, fuera excesiva. Decido no volver a mirar el reloj, ya que voy agónico y no quiero tener un percance por intentar arañar unos segundos al crono. Pongo la mente en blanco y completo como puedo los dos últimos kilómetros, que posteriormente al revisar el gps, no fueron tan malos como en un principio creía, por debajo de 4'10". Los últimos metros no los disfruto como otras veces, la sensación de vacio es tal, que sólo quiero cruzar la meta, para dejar de sufrir. Estoy tan deshecho, que ni siquiera puedo celebrar mi nuevo récord personal en la distancia: 1:25:15, rebajando en ocho segundos mi anterior marca. Finalmente entré en el puesto 66 de la general y en el puesto 20 de mi categoría, de lo que estoy enormemente orgulloso.

De los demás miembros de la expedición, destacar la gran actuación de "Niño", que volvió a rescar metal, consiguiendo un meritorio tercer puesto en su categoría, con un estratosférico crono de 1h 21m. ¡Enhorabuena compañero! Adrián, pese a las molestias hizo una gran marca: 1h 24m, entrando junto a Jose Manuel.
Nel, una vez más, ganó en su categoría con 1h 28m y no, porque éste echo se repita en la mayoría de las carreras, hay que restarle mérito a este hombre, que con 63 años, entrena con la ilusión de un juvenil, ¡Enhorabuena!
Por detrás, el pudonoroso Alberto Siguenza 1h 32m, Félix y Toño por debajo de 1h 40m, Monge 1h 45m y Fer 1h 49m. Gran actuación, una vez más, de los "Trotabirras".

De la organización, decir que fue bastante correcta, en cuanto a trato y servicios. El recorrido deja bastante que desear, por las dos kilométricas rectas, que afean un montón el aspecto general de la prueba. Mención aparte quiero hacer al desorbitado precio de la inscripción: del año anterior a éste, a subido un 85%. A pasado de costar 8€, a costar 15€, lo que me parece una auténtica salvajada, en los tiempos que corren. Este tema (el negocio de las carreras populares) lo trataré con más detenimiento en otro post. Mientras tanto, a otra carrera, que de no cambiar mucho, ya le he puesto la cruz.

Próxima parada, Behobia-San Sebastián el 10/11/2013 y entre medias subiré algun microrrelato para que no os olvidéis de mí.

Un saludo a todos los viciosos del running.


Los "Trotabirras".
Adrián y yo tras el primer paso por meta.
La subida al casco urbano.

Con el equipo de Jose Manuel y su hija.